viernes, 23 de septiembre de 2011

Gente suelta por el mundo. Ejemplo Nº37




-Y vosotras, ¿de dónde sois?
-De Nueva Zelanda
-Ah!, yo estuve una vez en Australia y no me gustó. No me gustan todos esos países donde la gente no hace ningún esfuerzo. Nosotros, en Francia, en todos los museos, lo traducimos todo al inglés pero luego, cuando nosotros vamos a esos países, nadie nos habla en francés, sólo hablan inglés y no hay nada traducido.


No, queridos amigos, esta conversación no me la acabo de inventar, la presencié en una furgoneta en Malasia. La susodicha hablaba en francés todo el tiempo y sólo cuando quería una respuesta o quería estar segura de que las pobres neozelandesas la entendían, usaba el inglés.
Dragones de Komodo


-¿Y qué animales tenéis en tu país?
-(Con una gran sonrisa que dejaba claro que era una broma) Pues tenemos ovejas y vacas.
-Ah! ¿vacas? Bueno, nosotros tenemos muchas vacas en Normandía. 


domingo, 18 de septiembre de 2011

Un poco de "no hurries" y mucho de "no worries"


Arrozal cerca de Ubud, Bali

"Va caminando sin rumbo, lleva la calma del vagabundo". El Viejo. La Vela Puerca
-¿Qué día es hoy?
-No sé, no tengo ni idea
-¿Cuándo acaba el Ramadán?
-Pues debe ya acabar uno de estos días
-¿Cuánto tiempo llevas viajando?


Dicen que, a menudo, el trayecto, el viaje, el "journey", es más importante que el propio destino al que nos dirijimos. Para mi, que no sé a dónde voy, está claro que lo está siendo. Quizás no soy del todo consciente porque hay algunas preocupaciones que en mi anterior vida me asediaban que en la actual he dado de baja y ya no pienso ni en los días de la semana y, por tanto, ni sé cuándo empieza el fin de semana. Las fechas sólo me dicen algo si tengo un vuelo que coger en los próximos días o he de llamar a mi madre por su cumpleaños.
Orangután en Bukit Lawang N.P., Sumatra, Indonesia
Hace unos días, sin embargo, me preguntaban por el día que era y, al pensarlo, me he dado cuenta de que, casi sin darme cuenta, se acaban de cumplir 6 meses desde que salí de Madrid. Medio año de viaje que me han hecho pararme a pensar un poco, aunque realmente no le quiero dar demasiada importancia a la fecha porque no es, ni más ni menos que eso, una fecha. Antes, en mi vida laboral, habría sido un H, un half, pero ahora no significa nada y aunque intento darle algún tipo de significado, no lo encuentro porque no me tomo este periodo de mi vida como algo cuantificable.
En el mercado de Berastagi, Sumatra. Indonesia

No quiero hacer una valoración o una recapitulación de lo que han sido estos meses porque esto sigue en marcha, no se para y continua, pero sí que es cierto que en breve se producirá un cambio importante en el viaje que ya comentaré en su momento. Lo que sí he pensado, a modo de análisis, ha sido hasta qué punto se ha cumplido el nombre de este blog.


Esta mañana le daba vueltas intentando poner un número, pero no creo que se pueda, así que digamos que la parte "no worries" se ha cumplido bastante, incluso puedo decir que mucho. De hecho, apenas tengo preocupaciones. Si acaso me he preocupado por la ruta y por poderme acoplar a las visitas de mis amigos, que en algún momento parecía que iban a coincidir en el tiempo pero no en el espacio y aunque me dirijo con paso firme a un estadio de existencia casi celestial, la omnipresencia aún me queda lejos. 
Volcán Sibayak, Berastagi

En un templo cerca de Ubud

Preocupaciones, en realidad, no tengo. En realidad, sí tengo una, pero esa preocupación es precisamente mi objetivo para la etapa sudamericana del viaje, así que lo que siento ahora es la inquietud por empezar a descubrir cómo va a evolucionar.


La parte de "no hurries" se ha cumplido menos. Si lo comparo con el resto de mis viajes, en los que siempre tenía un tiempo limitado, no hay color. Ahora dispongo de mucho más tiempo y hay días en los que no me apetece hace nada, disfruto mucho más las horas y no me estreso si dejo de ver sitios que inicialmente tenía planeado o que supuestamente forman parte de los que "hay que ver". Voy con mucha más calma y planifico con tiempo de sobra para tomármelo con tranquilidad.
Mucha vida en esa piel. Mt. Batur, Bali 

Las islas han ejercido un extraño influjo sobre mi que me ha hecho permanecer en ellas al menos una semana en cada una, simplemente por el placer de no tenerme que mover ni tener que pensar en enlazar el ferry con el bus, pero también por la tranquilidad que me han dado y porque me han dejado mucho tiempo libre para mirar las evoluciones de los geckos desde la hamaca, ver peces de colores, escribir o leer. 


De hecho, en estos seis meses me he leído 27 libros. El primero fue "La invasión ha comenzado", que con gran humor e inteligencia escribió el ínclito Pablo Álvarez y el último ha sido "Geografías", del orfebre Benedetti.


A veces me marcho de los sitios porque me preocupa tanta relajación y pienso que quizás hay otro sitio impresionante que me esté esperando dos islas más allá, así que pienso "tengo que moverme", entonces me intento concentrar en reunir las fuerzas suficientes para poder tomar dos decisiones que, básicamente consisten en decidir el próximo destino y preguntar a qué hora sale el ferry. A veces ese proceso me lleva dos días.
Me recuerda a uno de los gitanos de la película Gato negro, gato blanco

Ha sido en las islas donde más sensación he tenido de estar relajado, de estar realmente en un sitio y pasar tiempo con el solo objetivo de estar sin sentir el estar permanentemente en marcha. En fin, donde más he cumplido los principios del "no hurries" que espero practicar intensivamente en unos meses.


La verdad es que tengo ganas de pasar a la etapa sudamericana del viaje, al destino, quién sabe si intermedio o final de todo esto. 
Gili Trawangan, Lombok. Indonesia

Antes de acabar, quiero mandar muchos besos a todos mis compañer@s de viaje e incluir unas felicitaciones a unos cuantos amigos a los que quiero mucho y que van a ser papás o se han re-casado: Carmen y Álvaro, Paula y Alberto, Gema y Manzano, Marivi y Flaky, Elena y Gonzalo y Mariló y Nacho. Tambien dar las gracias a Manolo, que me hizo el seguro de viaje que me acaba de salvar la vida y muy especialmente a mi renovada amiga Patricia, que me regaló un iPhone que me mantiene en contacto con el más allá, con los amigos y me permite leer el periódico offline. Hay cosas que no cambian. Patricia, mil gracias, no sabes lo mucho que esto me ha ayudado.


Los laosianos practican un budismo algo particular y conciben la vida como disfrute. Trabajar es estresante y no favorece al espíritu. Hay que disfrutar de cada cosa que se hace y, si estas disfrutando, que mas da que dure una hora o tres! María Fdez. Sabau
Una isla, camino de Flores. Indonesia






domingo, 14 de agosto de 2011

Facebook y las religiones

A menudo escucho los comentarios de gente que se queja de algunos amigos que tienen la costumbre de informar al mundo, a través de Facebook, cada vez que inician una actividad, sin importarles si hay alguien mínimamente interesado en saber, con tan minucioso detalle, a qué dedican su tiempo.

Me refiero a actualizaciones del tipo "desayunando special K", "me voy a duchar", "camino a la oficina", "hoy viene mi suegra a cenar" o "hoy he tenido un cólico y ...". No he querido mencionar algunos ejemplos más íntimos o escatológicos, que los hay, por si hay niños leyendo pero, en resumen, NO es necesario, no necesitamos tanta información.

Por otro lado, es un hecho que todas las religiones del planeta en el que ahora habitamos, en su búsqueda por acaparar poder y ganar adeptos, se inmiscuyen en múltiples ámbitos de la vida privada de las personas y parece que tienen que hacerse escuchar provocando el mayor ruido posible.

Lo de que los cristianos se dediquen a tocar las campanas de las iglesias me parece una contaminación acústica totalmente innecesaria. El que quiera ir a misa, que se acuerde, que siempre es a la misma hora. Sin embargo, lo que a mi me tiene indignado es que un tipo armado con un altavoz con una potencia que su llamada podría escucharse en La Meca, se ponga a berrear a las 4 de la mañana para recordarle al personal que se levanten a desayunar. Que respeten el ayuno es su problema, que se levanten a desayunar a las 4 de la mañana también pero, como si de una actualización de Facebook se tratara, ¿es necesario que compartan la información y se entere toda la ciudad?. ¿Os imagináis al muecín de cada mezquita anunciando por el altavoz cada cambio de actividad del imam? Si esta noche he saltado de la cama pensando que había un ataque nuclear, no quiero pensar la mala baba que tendría como tomen ejemplo de Facebook.
Ahí está el detalle, señor juez, no es lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Cantinflas

domingo, 7 de agosto de 2011

Turbulencias y omelette. -Los brasileños de color quieren que se les llame "morenos"-


-Me pregunto qué día creó Dios a la gallina
-¿Cómo vamos a saberlo? Ni siquiera debemos preguntarlo. Nuestra permanencia en la Tierra es breve. Creamos y demos gracias. Bill en Fiesta, de Ernest Hemingway
Cuando me preguntan mi opinión sobre los países asiáticos siempre destaco que la experiencia de visitarlos se me queda a medias, me pierdo la mitad del país por la imposibilidad de comunicarme con ellos y porque, culturalmente, están a años luz de la alegría y el desparpajo africanos y no son precisamente los más comunicativos del planeta, así que las posibilidades de conocerles mejor son muy limitadas.

Evidentemente esto es una generalización y hay gente que habla inglés y alcanza a tener una conversación de más de tres comentarios sin mencionar un equipo o un jugador de fútbol, como hay gente con ganas de conocer, de hablar y gente que sonríe y no tienen esa cara de tristes que muchos llevan puesta. De hecho, estoy comprobando que esa barrera inicial que parecen mostrar, se viene abajo si pueden hablar un poco de inglés. En caso contrario, su manera de decir las cosas me parece un poco violenta. También he aprendido que son extremadamente duros a la hora de negociar, de regatear, sus caras serias y sus palabras graves impresionan, su inamovilidad desespera porque son capaces de perder un negocio por no aceptar una rebaja mínima. Sin embargo, hay un detalle que me está haciendo cambiar mi opinión sobre ellos y es la gran facilidad que tienen de pasar de la rudeza de una negociación a la simpatía que muestran cuando ya no hay que hablar de dinero. De repente y con una naturalidad que me sorprende gratamente, se ponen a preguntarte sobre tu origen, tu equipo preferido o lo que les interese.
Es cierto que siempre me han parecido un poco mal educados, guarretes y no muy simpáticos cuando requieres su ayuda, pero he de reconocer que estoy descubriendo lo mucho que cambian cuando son capaces de comunicarse, aunque mínimamente, en inglés. Ese rechazo que parece que tiene la gente a hablarte, cambia radicalmente cuando son capaces de hablarte. Especialmente en Malasia, donde bastante gente es capaz de hablarlo, he charlado con mucha gente que tiene tremendo interés por saber de ti y se acercan a preguntarte, a ofrecerte ayuda o a explicarte cosas sin esperar nada a cambio. Es cierto que algunos no van más allá de Messi o Ronaldo, pero de alguna manera hay que romper el hielo.
Recuerdo que un día, estando con mi hermana en NY, un amigo suyo, que nos escuchaba alternar conversaciones en castellano e inglés nos miró y nos dijo que nos envidiaba por tener esa capacidad. Yo, que sólo hablo inglés, siento que me estoy perdiendo la mitad de la ciudad. Siempre he tenido muy presente esta afirmación
El domingo tuve uno de esos días que recordaré en mucho tiempo. Estaba en Tuk Tuk, un pueblo situado en la isla del lago Toba y alquilé una moto para conocerla. Al pasar delante de una casa en cuya entrada había mucha gente y un cartel cuyas letras estaban hechas con flores, me paré y pregunté qué pasaba pero no he encontré a nadie que me entendiera hasta que apareció una mujer que hablaba un correcto inglés: es un funeral, mi padre murió ayer y la gente del pueblo está preparando la ceremonia, que se celebrará mañana.
Se me cayó el alma al suelo, pero mi cara cambió cuando la mujer me empezó a explicar que la celebración sería festiva, su padre era muy mayor y ya había vivido suficiente. Me pareció una excelente postura.


De repente, me vi rodeado de un montón de gente del pueblo que me hablaba y me preguntaba cosas que mi limitado conocimiento del indonesio no permitía responder. Sin embargo, la hija del difunto fue tremendamente agradable e instructiva, explicándome todo lo que estaba pasando alrededor, qué preparaba la gente que había reunida al otro lado de la carretera, cómo lo celebrarían, etc. Me invitaron a comer un plato de arroz con cerdo (sí, en esta isla son católicos) sin cubiertos que estaba de muerte, nunca mejor dicho. Después me pasé unas horas escuchando, respondiendo y preguntando sobre sus costumbres. Ha sido uno de esos grandes momentos que hacen que este viaje valga tanto la pena.
Leer la noticia sobre los brasileños de color quieren que se les llame "morenos" me ha recordado que hace muchos años en Camerún viví una experiencia parecida. Viajaba con mi querido y gran amigo Fernando y en un pueblo nos invitaron a una boda. Después de asistir a la entrega de la novia al novio y de ser narcotizados con semillas de cola, nos sentaron para comer pero, oh!!!, no había cubiertos y encontrarlos fue, seguramente más complicado que organizar el resto de la boda. En realidad esa situación no fue tan complicada si la comparamos con los dibujos que Fernando tenía que hacer para explicarles cómo se produce la transformación desde la gallina hasta que un huevo se convierte en tortilla. Eso sí que era una prueba difícil.
Ah, decía lo de la noticia porque cuando yo jugaba al baloncesto, en mi equipo, como pasaba antes, teníamos dos "americanos", aunque eran de Moratalaz. Los nuestros eran Fernando y Mica, a los que todo el mundo llamaba negratas, incluso entre ellos, pero cuando hablaban del otro en tercera persona se referían al otro como "moreno". Parece que su ejemplo se extiende al otro lado del Atlántico. A mis queridos negratas se lo dedico. Un beso.

PD: Todos los comentarios son bienvenidos y respeto que cualquiera que escriba lo haga de modo anónimo, pero me gustaría poder responder o comentarlo sabiendo a quién me dirijo, así que agradecería que, en público o en privado, os identifiquéis. Gracias

jueves, 4 de agosto de 2011

El sueño de Jesús Gil

It is the triumph of surrealism that the real has become surreal, and that you have a demonstration of the surreal every day. Didier Ottinge - Centre Pompidou
Juara - Tioman Island
El otro día se acabó mi paso por otro país más de los que he visitado y justo ahora me doy cuenta de que no he hecho ningún comentario como el que se merecen vuestras inquietas mentes. Durante semanas no he reparado demasiado en ello porque estaba de vacaciones, descansando en las islas de Tioman, Perhentian o Langkawi, pero al llegar a la capital, lo empecé a ver claro y durante un par de días me aventuré por las calles de la ciudad buscando pruebas y testimonios que refutaran lo que parecería evidente a cualquier cerebro despierto. A mi me costó un poco más, pero ya no tengo duda. No he dicho de qué país se trata, pero estoy seguro que lo adivináis en el siguiente párrafo.

A menudo hacemos las cosas con prisas, improvisando, parcheando con los medios disponibles, haciendo chapuzas al fin y al cabo. Sin embargo, aquí se han hecho las cosas poco a poco y con cabeza. Eso es lo que le ocurrió al difunto Jesús Gil, que apoyándose en la popularidad que le daba ser presidente del Atlético de Madrid, alcanzó la alcaldía de Marbella. Atrayendo la atención de los dueños del petróleo, quiso crear una ciudad y un equipo de ensueño, pero sus delirios de grandeza se truncaron y todo se quedó en un burdo intento, dejó a la Pantoja sin novio y él acabó en la cárcel.

Pero no te preocupes, Jesús, que alguien observó tus errores y, como si de una misión bíblica (más bien coránica) se tratara, se encargó de poner en el mapa un país dedicado al Atleti. Lo iban a llamar malasuerte, haciendo honor a la fama del equipo, pero como todos los países vecinos acaban en "ia", siguieron el ejemplo. La bandera, como la del Atleti, pero con un detalle porque Tailandia, el país vecino, es un descontrol, un desastre de full moon party y mamarrachadas similares, así que lo hicieron musulmán para que la gente se centrara en cosas importantes, nada de estar dándole a la cerveza todo el día. Por eso la bandera incluye esa media luna en vez del oso y el madroño. Y la estrella, dedicada al doblete.
Las líneas aéreas que tienen base en KL, rojiblancas y lo mejor, chulería madrileña, es que usan como moneda el RM, como si les sobrase la pasta para comprar al equipo rival.


Descubrieron petróleo y se pusieron en marcha para construir un país a lo grande, como grandes son las mayores torres gemelas del planeta, las Petronas, como la compañía petrolera. Después pusieron en marcha lo que todos los países del mundo dicen que hay que hacer y no hacen, mandaron a miles de estudiantes a estudiar a las mejores universidades del mundo y hicieron que todo el mundo aprendiera inglés y, por si eso no era suficiente, dejaron libertad económica y de culto a las minorías de origen chino e hindú, que son los que realmente mueven el país, que nadie se sorprenda. Los musulmanes, según me dijo un taxista, sólo se dedican a rezar y a quejarse, pero nada de trabajar, son unos vagos.
Torres Petronas - KL
Ay, si Jesús Gil pudiera ver todo el país cubierto de banderas rojiblancas, seguro que resucitaba.
El reloj de la Puerta del Sol en KL
Me despido así de Malasia, un país donde he encontrado a la gente más simpática de todo el sudeste asiático, espectaculares islas y selvas (es uno de los 18 países "megadiversos") e impresionantes fondos de coral. Un país que va como un cohete y donde se demuestra que las grandes religiones pueden convivir en paz. Esto es para ponerle un tono un poco serio al asunto. 

Después de este descubrimiento, la perplejidad me dejó sin fuerzas para seguir investigando sobre el país, así que me he venido a Indonesia, el país musulmán más grande del mundo, justo cuando empieza el Ramadán.

PD: Dedicado a mi amigo Tito y al resto de amigos atléticos del mundo

Con el primo del Kun Agüero en Perhentian Island
En la vida aprendí que hay que observar la realidad, cotejarla con lo que uno piensa y decidir qué hacer. Oscar Tabárez

jueves, 28 de julio de 2011

¿En qué se parece el servicio militar a viajar solo?




Viajar solo se parece a hacer la mili.

Ahí dejo esa afirmación y me pongo a refrescar la memoria de todos aquellos que hicieron la mili o que tienen amigos que se la contaron. Nadie lo pasó mal, todos contaban grandes batallas de memorables momentos, pero a mi siempre me pareció una burda manera de autoconvencerse del tiempo perdido y me recuerda, años después, a todos aquellos que se han ido a vivir a Las Rozas o Sant Cugat y tratan de convencer, a todo el que se ponga por delante, de que viven muy cerca y sólo tardan 15 minutos hasta el centro de la ciudad. Falso.

Viajar no sólo no tiene nada que ver con los 15 minutos que dicen que tardan en llegar a la Plaza Catalunya, porque yo siempre tardo mucho más hasta tratando de rehacer la mochila cada vez que desordeno el caos. La similitud a la que me refiero viene dada por el hecho de las amistades o compañías circunstanciales o no escogidas. Por lo que cuentan, en la mili, como me pasa a mi últimamente, te juntas con gente con la que, en tu vida normal no es que no te juntarías, sino que no tendrías ni la oportunidad de coincidir. La necesidad, la necesidad de ser pares y, casi siempre, las circunstancias, te llevan a compartir con algunas personas parte del viaje, vivencias y experiencias, momentos complicados o actividades y lugares alucinantes. En unos pocos días, en los que pasas muchas horas junto a ellos, intercambias experiencias, anhelos, ilusiones y maneras de mirar la vida.

En muy poco tiempo, a veces, compartes con una intensidad tal que se genera un vínculo muy fuerte. En la mili, decían, se forjaban amistades para toda la vida.
Algunas de estas personas con las que he compartido parte del viaje, por suerte, han sido grandes encuentros, gente con las que he pasado momentos increíbles y que, durante unos días, han sido una especie de pequeña familia. De hecho, me alegro mucho de seguir en contacto, años después, e incluso de mantener una buena amistad con unas cuantas personas a las que he conocido durante algún viaje. Algunos pasan a convertirse en amigos o, al menos, en alguien con quien mantienes cierta relación y te gustaría volver a ver en algún momento. Otros, sencillamente, son guardados en el cajón donde guardo los recuerdos de los mejores momentos de mi vida.
Pero no todo siempre siempre sale tan bien y aquí estoy mencionando solamente a aquellos con los que he pasado buenos momentos, pero no siempre es así y me ha ocurrido que he llegado a un bus y he pasado horas junto a alguien que no me aportaba nada y, al llegar al destino, por el motivo que sea acabas compartiendo habitación y te pasas tres días visitando el lugar con alguien que es como esos compañeros de universidad con los que pasaste varios años y el día de la graduación aún seguías sin saber ni su nombre. ¿Te llamabas? no, siempre se puede eludir el tener que recordar el nombre, hasta que te llega la invitación de Facebook y tienes que llamar a un amigo para que te diga quién es ese tipo que quiere retomar un contacto que nunca existió.
Además de esta gente anodina, que abunda por el mundo, me queda por mencionar a todos esos a los que te hubiese gustado no encontrarte nunca, esos que podría incluir en el apartado de "esa gente que anda suelta por el mundo" y que no sólo deberían tener prohibido abandonar sus hogares, sino que, por lo general, te causan problemas. Sí, ya voy con el ejemplo.

Continuando con el capítulo de mis encuentros con las fuerzas del orden, os cuento lo que me ocurrió hace unos días: Después de una gran semana en las islas Perhentian en las que conocí a un fantástico grupo multinacional (chilenas, argentinos, venezolanos, catalanas y francesas), me pasé una noche entera viajando camino a Langkawi, donde llegué bastante derrotado. En la guest house conocí a un sevillano que me pareció simpático y quedamos en vernos por la tarde para tomar unos refrescos.

La historia es un poco larga de contar pero todo comenzó cuando al sevillano se le ocurrió asaltar a una borracha inglesa que estaba liada con uno de los paisanos locales, uno de cuyos amigos le dio dos galletas por pasarse de listo. Yo pensaba que se las había ganado a pulso y, de hecho, yo me había retirado a la barra a degustar los licores locales, así que no le di más importancia, pero todo cambió cuando el tipo entró en pánico y le dio por llamar a la policía y yo dudé si pasar de él porque pensaba que la estaba liando más de lo necesario.

Como dice mi amigo Quim, "toda una vida dedicada a los demás".

Justo el que le pegó era el recepcionista de la guest house, así que allí nos fuimos a la una de la mañana, recogimos nuestras cosas y nos fuimos en el coche patrulla a comisaría. Aquí ya me estaba desesperando porque el sujeto no entraba en razón, pero decidí apoyarle incluso cuando, sin escucharme, decidió llamar a la Embajada Española para contarles lo que estaba pasando. Pero "tontodelculo", si te lo has ganado, pensaba yo, y además sólo te han dado dos. En comisaría nos encontramos con la sujeta que, acompañada por los locales presentó declaración y dijo que habían intentado abusar de ella. Casi nada la que podía haber liado.

Al final estuvimos hasta las 5 en comisaría, el tipo ni presentó denuncia y se largó de la isla en el primer ferry. yo tuve que dormir en una hamaca de un guest house

Menos mal que han quitado la mili.

¿En quién cree usted? – En el sueño. Ernest Hemingway - Adiós a las armas

Llevo un tiempo largo tratando de deshacerme de mi imagen de militante sempiterna y lo voy logrando poco a poco, aunque momentums como el de SOL te obligan a sacar las antenitas al ídem y reapareces y zas, mis planes de desidentificarme con la transformación del mundo mundial, como si no hubiese vida más allá, se retrasan otro poco. Nuria Del Río




martes, 19 de julio de 2011

Esa gente que anda suelta por el mundo I

Mi independencia, aún mejor, mi libertad ha representado para mí un valor supremo, imposible de sustituir por el éxito, la comodidad, la fortuna o el espíritu gregario. Cuando el tiempo nos alcanza - Memorias 1940-1982 (Alfonso Guerra)


En todos los viajes me encuentro con gente que, por diferentes motivos y de manera positiva o negativa, me impresionan. A veces mantengo contacto con algunos y, a menudo, pienso en comentar algunos encuentros en el blog. De hecho, llevo un tiempo dándole vueltas a la idea de hablar de alguna de estas personas.


Normalmente, la gente que me llama la atención, tanto en los viajes como cuando tenía una vida más sedentaria, lo hacen por algún motivo positivo, por la vida que tienen o han tenido, por el tiempo que llevan viajando, por el espíritu que mantienen, por la cultura que han logrado atesorar, por simpática, inteligente o por cientos de motivos que no siguen ningún patrón. 


Algunas personas, que abarcan un amplio abanico de personalidades, me sorprenden por todo lo contrario y aunque a la mayoría intento evitarles, es imposible no verse obligado a compartir con algunos más tiempo del que voluntariamente desearía. 


Hay un tercer grupo que son los que encuadro en el grupo "¿quién te ha dejado salir de casa?", gente de apariencia inofensiva pero cuyos comportamientos pueden llegar a ser muy dañinos, teniendo unos efectos mucho más perniciosos que, por ejemplo, los miles de hooligans ingleses que se desplazan a cualquier rincón del mundo sólo porque la cerveza es barata. Éstos, en el fondo, si evitas los lugares donde abrevan y se aparean, son mucho menos molestos que los del tercer grupo, que ocultos bajo su manto de aparente inocencia tienen devastadoras consecuencias para el resto de la humanidad, especialmente para aquellos que viajan.


Como claro ejemplo del tercer grupo habría que destacar, generalizando, a los americanos, que tienen dos malditas costumbres con las que contribuyen a una infinita y continuada escalada inflacionaria a nivel planetario. Me refiero al pago indiscriminado de propinas con porcentajes que sólo salen en las guías que ellos mismos escriben y que siguen al pie de la letra. La segunda es el pago del precio que se les solicita, mostrando un desconocimiento del noble arte del regateo que considero hasta una falta de respeto al resto de la población.


Como decía, estas dos costumbres provocan unos precios y costumbres artificiales allí por donde pasan que complican y encarecen la vida de todos los que llegamos detrás.


A menudo pienso que esta gente debería pagar el doble en los billetes de avión para financiar, al menos en parte los viajes del resto de inocentes que, por su culpa tendrán que pagar precios inflados en destino. 


Es más, creo que habría que prohibir salir de sus casas a mucha gente, no sólo a éstos, sino a unos cuanto más y hacerles un examen al llegar al aeropuerto de origen antes de permitirles embarcar con sus peligrosas actitudes y su inabarcable ignorancia. Siempre recuerdo una situación que presencié en el aeropuerto de Cancún donde dos americanos que habían volado para pasar el fin de semana, no entendían el motivo por el que necesitaban un pasaporte para salir del aeropuerto si no habían salido de su país. La cara de los policías reflejaba la resignación de alguien que había "padecido" aquella situación anteriormente.


En realidad, todo esto me vino a la cabeza al contemplar personalmente la siguiente escena. Hace unos días me encontré con una chica italiana que me dejó atónito, así que con ella, inicio la que espero sea la primera de esa "gente de la calle" con la que me voy topando:


Parque Nacional Taman Negara, en el centro de Malasia. Después de 6 horas de rompepiernas, de camino diseñado para hacer sufrir, atravesar decenas de riachuelos, luchar contra las sanguijuelas (esta vez gané), rapelar paredes infinitas con cuerdas de tender la ropa y pelear contra una humedad agobiante, llegué al destino final, un puesto de observación en medio de la jungla adonde uno tiene que llevarse agua y comida para no menos de dos días, un lugar desde el que, con suerte, se pueden observar animales salvajes al anochecer. Es una cabaña elevada unos 15 metros del suelo, abierta por tres de sus costados para poder facilitar su objetivo y a ella sólo llega gente con ganas de ver, experimentar y sufrir un selva, o eso es lo que pensaba hasta que llegó el personaje en cuestión y me dijo que ella se había saltado las 6 horas y había venido en una lancha a motor en 30 minutos.
Kao Sok National Park - Thailand
Esta mujer, que no sé cómo había dado con sus huesos en ese lugar y que vestía una adecuadísima indumentaria para el lugar en el que se encontraba, consistente en unos pantalones vaqueros o jeans y una camisa blanca, después de una rápida observación de la cabaña y ver la cantidad de espacio abierto y ventanas que tenía, comunicó a los que allí estábamos que por allí podían entrar todo tipo de insectos, alimañas y hasta un elefante. 


Ojipláticos estábamos cuando de su bolsa extrajo lo que nos dijo sería la solución a nuestros problemas porque con el "arma" que, en previsión de lo que pudiera pasar, se había traído desde su Génova natal, todas las amenzas y peligros que se cernían sobre los presentes serían fulminados como si de un bombardeo con napalm se tratase.
Kao Sok National Park - Thailand
¿De qué arma estoy hablando? De un bote de tamaño familiar de Baygon que roció a los marcos de unas ventanas abiertas y apuntando hacia la inmensidad de la selva, como si eso fuera a prevenir la entrada de los millones de bichos que habitaban ahí afuera y cuyo alimento preferido debe ser el Baygon. 


Llamadme lo que queráis pero no pude para de reír en un buen rato al ver a esa mujer vaciando el spray al vacío, a la inmensidad de la jungla.


¿Cómo se le pasaba por la cabeza a esa mujer que de esa manera no entrarían arañas, mosquitos o ratas? ¿Cómo se le pudo ocurrir viajar miles de kilómetros con un bote enorme de Baygon?


¿No es como para impedir a este tipo de gente que salgan de sus casas?


Ya en el siglo XVIII, William Hazlitt describió a seres como César: Existen unos pocos seres superiores y felices que nacen con un temperamento libre de cualquier irritación por cosas insignificantes. Estos espíritus se sienten serenos y sonrientes como en su cielo innato y una divina armonía (se oiga o no) suena a su alrededor. Esto es estar en paz. Inútil es huir a los desiertos o construirse una ermita encima de las rocas si el remordimiento y el mal humor hasta allí nos persiguen; y si tenemos esa paz, no nos hace falta hacer tales experimentos. El único retiro verdadero es el del corazón; el único descanso verdadero es el reposo de las pasiones. A tales personas poca diferencia les hace ser jóvenes o viejas; y mueren como han vivido, con una resignación elegante. Si es que mueren verdaderamente. Cuando el tiempo nos alcanza - Memorias 1940-1982 (Alfonso Guerra)


Él y su mujer viajaban con frecuencia. –Qué bien -comenté. –No tanto -dijo él-. Los viajes me aburren. Preferiría trabajar. Tokio Blues (Haruki Murakami)


La novedad no es bienvenida. El terror del cerebro a adaptarse a nuevas reglas del juego, el pánico a perder el control de la situación, la inercia de las costumbres y los intereses establecidos, el peso de la tradición y la historia se alían para poner obstáculos a la innovación y al cambio. El viaje a la felicidad (Eduardo Punset)