sábado, 22 de octubre de 2011

¿Por qué siempre tengo problemas en las fronteras? Capítulo 7. Se acabó el jamón.

Dibujo regalo de Jimena
Buscad la belleza ahí fuera, porque es lo único que merece la pena en este asqueroso mundo” Ramón Trecet
El autobús acaba de parar y todo el mundo está bajando en la que parece la última parada. Tan pronto como pongo el pie en  tierra siento un golpe de realidad: de nuevo estoy en camino.

Son las 6 de la mañana y apenas he dormido, llueve bastante y hasta hace un poco de frío. El bus me ha dejado en medio de la  calle, no en una estación de autobuses, y apenas hay movimiento, las tiendas aún están cerradas. Estoy en Changuinola, la  última población panameña antes de la frontera con Costa Rica. Todas las ciudades fronterizas que conozco tienen un ambiente retador y desafiante y si lo normal en un país pobre es que la  gente intente sacar provecho de los visitantes blanquitos, esta ley no escrita se tatúa al nacer en la piel de la gente que  vive cerca de una frontera.


Hasta llegar a Changuinola he pasado diez horas en un bus que más bien parecía un camión frigorífico. Por cierto, y este es  otro de los grandes misterios de la humanidad, ¿por qué en todos los países tropicales los buses tienen el aire acondicionado  en modo "crionización"?
Grandioso este diablo rojo panameño
Aún tendré que coger dos o tres buses y pasar dos puestos fronterizos antes de llegar a mi destino, así que el panorama que  se me presenta es bastante desapacible. Sin embargo, a mi me encanta esta situación, esta vuelta a la realidad que me atrae, a una forma de viajar que no es la más cómoda, pero que me permite interactuar con los locales y conocer mejor cómo viven. vuelvo a sentir que estoy viajando.
Qué pena que no podré ir a ver cómo se trata a las brujas
Después de unas semanas visitando a grandes amigos, disfrutando de sus cuidados, comidas caseras y toallas perfumadas, en  unas horas he pasado de vivir bajo el amparo de hogares civilizados donde me han dado jamón y lentejas para comer, a la dura  vida del mochilero solitario, aunque esto lo comento para ver si arranco alguna lágrima entre los que me siguen. La verdad es  que no me puedo quejar porque, aunque haga mal tiempo, estoy en una cabaña a uno 25 metros de la playa y me duermo escuchando  el sonido de las olas.
Panamá City skyline
Antes de que todo sucediera, pensaba que lo complicado sería coger los buses a tiempo y no llegar derrengado y demasiado  tarde, pero la realidad, de nuevo, me hizo ver que nunca hay que bajar la guardia porque no sabes de dónde te pueden llegar  los problemas. 
El río Changuinola en la frontera
En Changuinola cogí un bus que me dejó en la misma frontera, un puente sobre el río en el que no había nadie porque, señores,  la frontera estaba cerrada hasta las 8. En ese momento pensé en cruzar el puente andando porque, pensándolo, no necesitaba  nada del puesto panameño, el sello de salida no me iba a hacer falta para nada. Sin embargo, decidí quedarme escribiendo  mientras veía cómo los locales cruzan sin ningún problema. 


Finalmente, cuando llegó el funcionario, a eso de las 7.30, le  pedí si me podía sellar para que puediera seguir mi camino pero su respuesta fue que no se podía, que tenía que encender la  computadora y programarla antes de poder hacerlo. Casi me caigo al río de la risa que me dio, pero me contuve y esperé.
Puente que separa Panamá de Costa Rica en Sixaola
Sin embargo, al llegar al lado costarricense me encontré con la sorpresa inesperada. La funcionaria, después de preguntarme  por mi destino, me exigía un billete de salida del país, una norma que me había conseguido saltar al llegar a EEUU, la  frontera por excelencia, me impedía entrar en el país más feliz del mundo, que me tocaba las narices por un requisito que  aplica a todo el mundo, pero que a ojos de un blanquito parecía un impuesto revolucionario. Lo sigo pensando pero también  pienso que lo mismo hacemos nosotros cuando ellos llegan a nuestro país, así que se cumplió el "donde las dan..." y compré un  billete que me costó $15. Eso sí, pude pasar la frontera sin ningún problema para comprarlo. La próxima vez, me doy a la  fuga.


En realidad, lo que más me dolió fue un tipo que me llamó "gringo". Según se dió la vuelta la vuelta le amenacé de muerte si volvía a insultarme y nos hicimos amigos porque era muy grande y se fue contento pensando que Costa Rica va a ganar 3-0 a España el próximo día 15.


Finalmente llegué a Puerto Viejo de Limón, un pueblo en el que ya estuve hace diez años, cuando aún no tenía ni carnet de  conducir. Qué buenos tiempos aquellos...y estos.
Your time is limited, so don't waste it living someone else's life. Don't be trapped by dogma — which is living with the  results of other people's thinking. Don't let the noise of others' opinions drown out your own inner voice. And most  important, have the courage to follow your heart and intuition. They somehow already know what you truly want to become.  Everything else is secondary. Steve Jobs
PD: Esto se lo dedico a mi amigo Pierre, que es más grande que Steve Jobs, un verdadero ejemplo para la humanidad y la primera persona que conozco que ha pedido que le degraden a cambio de que sus jefes dejen de tocarle las pelotas. Enhorabuena!!!
Diablo rojo en Panamá

jueves, 13 de octubre de 2011

Accidentada salida de Asia...y llegada al imperio americano



Gunung Mulu - Borneo - Malasia

Mi periplo por la zona no ha tenido nada que ver finalmente con lo poco que tenía planeado antes de llegar, de lo cual me alegro. Gracias a Tony Fernandes (9 vuelos con Air Asia) me he movido entre islas y países con gran facilidad y sin problemas de ningún tipo. He recibido a los amigos que venían a verme o a viajar conmigo, me he movido con gente que he conocido por el camino, he organizado un cumpleaños sorpresa con gente que llegaba de tres países diferentes y he podido llegar a las famosas selvas de Borneo.
Fue en ese momento cuando me di cuenta de que era preciso un cambio en mi vida, tenía que cruzar el Océano Pacífico y llegar "al otro lado", pero eso implicaba el riesgo de aterrizar en el inhóspito territorio imperial.

Después de unos cuantos meses por la zona tocaba continuar con la ruta y abandonar el territorio arroz. Mis ojos empezaban a estar como cansados, se empezaban a cerrar y me había empezado a crecer un extraño pliegue en la comisura de los ojos.
The Pinnacles - P.N. Mulu - Borneo - Malasia

¿Por qué el 99% de los agentes de inmigración son emigrantes?

Lo sé, porque con el tiempo se convierten en los más racistas y fieros guardianes de las fronteras, prestos a evitar que ningún otro extranjero pueda tener la oportunidad de quedarse a vivir en el maldito país que a ellos tan difícil se lo puso.

Odio las fronteras, las aduanas y cualquier control policial, pero lo de llegar a los EE.UU es un acto en el que hay que tragar mucha saliva, guardarse las manos en los bolsillos y evadir tu mente para que que no te den ganas de saltar por encima del mostrador, agarrar al policía y le hagas tragar el teclado y el monitor sin agua.

Después de jurar por vigésima vez que no llevas bombas encima, que no quieres matar a Obama ni tuviste nada que ver con los nazis, que el analfabeto te empiece a preguntar dónde están todos los países de los que tengo un sello en el pasaporte y te diga ¿has estado en Papúa Nueva Guinea? sólo por preguntar a la vez que decide si te deja entrar o no, me pone un poco nervioso. En cualquier país, si el agente ve un visado en el pasaporte, asume que se ha estado allí. Aquí me preguntó por todos los sellos. Paciencia, mucha paciencia después de 12 horas de vuelo. Además, pensaba yo, si no sabes ni dónde está, y probablemente es la primera vez que lees ese nombre ¿qué más te da si he estado o no?

Claro que en este país no se puede asumir nada porque los criterios de lo que es normal o aceptable no tienen nada que ver con lo que le pueda parecer a una mente europea y, a la vez que en los aeropuertos te someten a interminables controles y te hacen contestar a absurdas preguntas sobre tu pasado nazi aunque tengas 5 años, a nadie parecía extrañarle lo que a mi casi me provoca tirarme al suelo hace unos días, un tipo paseando por la calle con una metralleta al hombro.

Escenas como las del paranoico control de la seguridad de los aeropuertos conviven con muestras de una inocencia que me desconciertan. Al ir a pagar ayer con mi tarjeta de crédito, el dependiente la mira, me mira a mi y muy serio, como si fuera la prueba de seguridad más efectiva que hay, me pregunta mirando a la tarjeta ¿cómo te llamas?. Gonzalo, contesto. OK, como asumiendo que la tarjeta es mía.

¿Para qué tanta seguridad si luego cualquiera puede entrar y salir de la zona de recogida de equipajes de los aeropuertos?

Os dejo con una conversación real que le ocurrió a un amigo en el aeropuerto de Miami:


Su visado no le permite salir del país, así que le van a deportar a México.
Pero si yo no soy mexicano.
¿De dónde es usted?
Yo soy de Madrd, español.
Pues eso, a México deportado.

domingo, 2 de octubre de 2011

En las selvas de Borneo...

Tenemos mucha actividad y poca reflexión, y tan importante es hacer como entender lo que hacemos. Pere Monrás, médico.
Cada país que he visitado hasta ahora ha tenido sus puntos fuertes desde el punto de vista de la naturaleza. Nueva Zelanda me impresionó, entre otras cosas, por la gran variedad de espectaculares fenómenos de la naturaleza y por lo fácilmente accesibles que son. Un ejemplo son los glaciares, que no sólo son muy escasos en el mundo sino que, los que hay, suelen encontrarse en alturas elevadas y en lugares de difícil acceso, mientras que los de Nueva Zelanda están casi a nivel del mar y se puede llegar a ellos sin subir montañas.
Borneo, una isla legendaria, conocida por la brutal biodiversidad que atesora, se presentaba como una visita muy interesante donde poder disfrutar de selvas primarias aún no destrozadas por el hombre. Además, es famoso lo complicado que es disfrutar de todas estas maravillas porque el gobierno de Malasia, en un intento por proteger los parques nacionales, limita mucho el acceso de visitantes y las posibilidades de alojamiento son muy restringidas, con lo que mucha gente se vuelve a casa decepcionada porque no ha podido visitar nada por falta de plazas.

La primera experiencia fue bastante desalentadora. La reserva del río Kinabatangan, uno de los sitios donde mayor número de orangutanes viven, se ha visto reducido a una estrecha franja de, en algunas zonas, unos 100 metros de ancho de selva rodeada de millones de hectáreas de plantaciones de palmeras de las que se extrae el aceite de palma, primera industria del país si excluimos la extracción de petróleo.
LA LLEGADA A MULU
-Las condiciones climatológicas no son buenas. Hay un frente muy intenso situado en este momento sobre Mulu que limita la visibilidad y dificulta las tareas de aproximación, explicó el piloto a los pasajeros. 

Demasiada información para un pasaje previamente asustado por los vaivenes producidos por las turbulencias y que, a partir de ese momento entró en estado de shock, sacó las uñas y las clavó en los reposabrazos y no quitó la vista de las ventanas para intentar adivinar qué estaba haciendo el capitán y a qué altura nos encontrábamos.

La lluvia era muy intensa y las nubes muy bajas, lo que impedía tener una mínima visibilidad del aeropuerto, perdón, de la pista donde debíamos aterrizar. El comandante hizo dos maniobras de aproximación y en una de ellas no sólo bajó el tren de aterrizaje, sino que descendió el aparato hasta situarse muy cerca de la copa de los árboles. En el último momento, muy cerca de tierra, revolucionó los motores y se internó de nuevo en las nubes mientras levantaba vuelo.
Mi simpática compañera de asiento me cogió la mano y me acordé de un vuelo a París con mi amigo Gabi Ripollés en el que la mujer que tenía a mi lado me dijo que tenía pánico a los despuegues y me pidió que, si no me importaba, le dejase agarrarme la mano. Yo se la cedí, pero al rato me arrepentí porque llegué a temer porque la falta de riego sanguíneo hiciera necesaria la amputación de la misma. Lo peor fue que un par de horas después, cuando la sangre comenzaba a circular con normalidad por mis venas y el color morado había empezado a dejar paso a un tono más normal, descubrí que no sólo le tenía miedo a los despegues.

El comandante volvió a hablar más de la cuenta para anunciar a unos pasajeros al borde del ataque de pánico que haría un último intento de aterrizar y que, de no lograrlo, tendría que retornar al aeropuerto de Miri. Supongo que, para la gente que ya estaba asustada en ese momento, éstas palabras no fueron nada tranquilizadoras.
Taman Negara Gunung Mulu es el parque nacional más grande de Sarawak, la región que ocupa el noroeste de la isla de Borneo y uno de los más inaccesibles, ya que sólo se puede llegar por avión o tras un caro y largo viaje de un día de duración por un río. El parque, debido a la complejidad del terreno y a la densidad de la selva que lo puebla, no ha mostrado aún todo lo que esconde y sigue siendo objeto de investigación. Todos los años se producen interesantes descubrimientos de nuevas cuevas, ríos subterráneos o animales desconocidos hasta la fecha, pero lo que ya está demostrado es que alberga el sistema de cuevas más grande del mundo.
Por la mañana había visitado una de las pocas cuevas a las que puedes ir sin guía, la Moonmilk Cave, que aunque muy bonita, no me había parecido impresionante, lo cual rebajó un poco mis expectativas ante una de las cuevas que iba ver esa misma tarde y de la que, sorprendentemente, lo que más destacan son los 3 millones de murciélagos que cada tarde la abandonan formando una inmensa nube negra en el cielo.

La primera de las cuevas, el aperitivo, me pareció simplemente espectacular, enormes cámaras con bellas estalactitas perfectamente iluminadas y formaciones geométricamente imposibles que me maravillaron. Nunca había estado en una cueva con tantas formaciones, tan variadas y tan impresionantes. A cada paso descubría nuevas formaciones. Las estalactitas formadas en espiral me fascinaron, pero lo que me acabó de alucinar fue el río subterráneo que recorría la cueva.

Las complicaciones de todos los vuelos y reservas, que casi me habían impedido venir hasta Mulu me parecían totalmente compensadas ante lo que tenía delante y había estado disfrutando, no sólo en la cueva, sino en la hora y media que se tarda en llegar atravesando la selva.

En ese momento casi se me había olvidado que aún me quedaba por ver la Deer Cave, situada a pocos metros de Lang Cave- Si éstá me había impresionado, la segunda me mantuvo con la boca abierta durante todo el tiempo que estuve dentro. Las dimensiones, al contrario que en la primera, en la que todo es más pequeño, son masivas, impensables para lo que conocía como una cueva. De hecho, es la cueva más grande del mundo. No la más larga, pero sí la de mayor volumen. Sus 175 metros de altura simplemente se escapan a los comentarios y aunque intento explicarlo con palabras, no encuentro la manera de transmitir lo que sentí. Espero que las fotos sean suficientemente ilustrativas. La enormidad y el hecho de que apenas hubiera gente, ayudaron mucho a disfrutar aún más la experiencia de estar ante la inmensidad de la cueva. El día anterior había llovido bastante y el agua que se había filtrado formaba pequeñas cortinas de agua que lo hacían incluso más bonito. Al final de la cueva se abre la luz y aparece una visión de verde espectacular ante tanta oscuridad. Lo llaman el jardín de Adán y Eva.
La visita a Mulu acababa de empezar y ya tenía claro que se iba a convertir en mi destino preferido de todo lo que he visto en Asia. 








viernes, 23 de septiembre de 2011

Gente suelta por el mundo. Ejemplo Nº37




-Y vosotras, ¿de dónde sois?
-De Nueva Zelanda
-Ah!, yo estuve una vez en Australia y no me gustó. No me gustan todos esos países donde la gente no hace ningún esfuerzo. Nosotros, en Francia, en todos los museos, lo traducimos todo al inglés pero luego, cuando nosotros vamos a esos países, nadie nos habla en francés, sólo hablan inglés y no hay nada traducido.


No, queridos amigos, esta conversación no me la acabo de inventar, la presencié en una furgoneta en Malasia. La susodicha hablaba en francés todo el tiempo y sólo cuando quería una respuesta o quería estar segura de que las pobres neozelandesas la entendían, usaba el inglés.
Dragones de Komodo


-¿Y qué animales tenéis en tu país?
-(Con una gran sonrisa que dejaba claro que era una broma) Pues tenemos ovejas y vacas.
-Ah! ¿vacas? Bueno, nosotros tenemos muchas vacas en Normandía. 


domingo, 18 de septiembre de 2011

Un poco de "no hurries" y mucho de "no worries"


Arrozal cerca de Ubud, Bali

"Va caminando sin rumbo, lleva la calma del vagabundo". El Viejo. La Vela Puerca
-¿Qué día es hoy?
-No sé, no tengo ni idea
-¿Cuándo acaba el Ramadán?
-Pues debe ya acabar uno de estos días
-¿Cuánto tiempo llevas viajando?


Dicen que, a menudo, el trayecto, el viaje, el "journey", es más importante que el propio destino al que nos dirijimos. Para mi, que no sé a dónde voy, está claro que lo está siendo. Quizás no soy del todo consciente porque hay algunas preocupaciones que en mi anterior vida me asediaban que en la actual he dado de baja y ya no pienso ni en los días de la semana y, por tanto, ni sé cuándo empieza el fin de semana. Las fechas sólo me dicen algo si tengo un vuelo que coger en los próximos días o he de llamar a mi madre por su cumpleaños.
Orangután en Bukit Lawang N.P., Sumatra, Indonesia
Hace unos días, sin embargo, me preguntaban por el día que era y, al pensarlo, me he dado cuenta de que, casi sin darme cuenta, se acaban de cumplir 6 meses desde que salí de Madrid. Medio año de viaje que me han hecho pararme a pensar un poco, aunque realmente no le quiero dar demasiada importancia a la fecha porque no es, ni más ni menos que eso, una fecha. Antes, en mi vida laboral, habría sido un H, un half, pero ahora no significa nada y aunque intento darle algún tipo de significado, no lo encuentro porque no me tomo este periodo de mi vida como algo cuantificable.
En el mercado de Berastagi, Sumatra. Indonesia

No quiero hacer una valoración o una recapitulación de lo que han sido estos meses porque esto sigue en marcha, no se para y continua, pero sí que es cierto que en breve se producirá un cambio importante en el viaje que ya comentaré en su momento. Lo que sí he pensado, a modo de análisis, ha sido hasta qué punto se ha cumplido el nombre de este blog.


Esta mañana le daba vueltas intentando poner un número, pero no creo que se pueda, así que digamos que la parte "no worries" se ha cumplido bastante, incluso puedo decir que mucho. De hecho, apenas tengo preocupaciones. Si acaso me he preocupado por la ruta y por poderme acoplar a las visitas de mis amigos, que en algún momento parecía que iban a coincidir en el tiempo pero no en el espacio y aunque me dirijo con paso firme a un estadio de existencia casi celestial, la omnipresencia aún me queda lejos. 
Volcán Sibayak, Berastagi

En un templo cerca de Ubud

Preocupaciones, en realidad, no tengo. En realidad, sí tengo una, pero esa preocupación es precisamente mi objetivo para la etapa sudamericana del viaje, así que lo que siento ahora es la inquietud por empezar a descubrir cómo va a evolucionar.


La parte de "no hurries" se ha cumplido menos. Si lo comparo con el resto de mis viajes, en los que siempre tenía un tiempo limitado, no hay color. Ahora dispongo de mucho más tiempo y hay días en los que no me apetece hace nada, disfruto mucho más las horas y no me estreso si dejo de ver sitios que inicialmente tenía planeado o que supuestamente forman parte de los que "hay que ver". Voy con mucha más calma y planifico con tiempo de sobra para tomármelo con tranquilidad.
Mucha vida en esa piel. Mt. Batur, Bali 

Las islas han ejercido un extraño influjo sobre mi que me ha hecho permanecer en ellas al menos una semana en cada una, simplemente por el placer de no tenerme que mover ni tener que pensar en enlazar el ferry con el bus, pero también por la tranquilidad que me han dado y porque me han dejado mucho tiempo libre para mirar las evoluciones de los geckos desde la hamaca, ver peces de colores, escribir o leer. 


De hecho, en estos seis meses me he leído 27 libros. El primero fue "La invasión ha comenzado", que con gran humor e inteligencia escribió el ínclito Pablo Álvarez y el último ha sido "Geografías", del orfebre Benedetti.


A veces me marcho de los sitios porque me preocupa tanta relajación y pienso que quizás hay otro sitio impresionante que me esté esperando dos islas más allá, así que pienso "tengo que moverme", entonces me intento concentrar en reunir las fuerzas suficientes para poder tomar dos decisiones que, básicamente consisten en decidir el próximo destino y preguntar a qué hora sale el ferry. A veces ese proceso me lleva dos días.
Me recuerda a uno de los gitanos de la película Gato negro, gato blanco

Ha sido en las islas donde más sensación he tenido de estar relajado, de estar realmente en un sitio y pasar tiempo con el solo objetivo de estar sin sentir el estar permanentemente en marcha. En fin, donde más he cumplido los principios del "no hurries" que espero practicar intensivamente en unos meses.


La verdad es que tengo ganas de pasar a la etapa sudamericana del viaje, al destino, quién sabe si intermedio o final de todo esto. 
Gili Trawangan, Lombok. Indonesia

Antes de acabar, quiero mandar muchos besos a todos mis compañer@s de viaje e incluir unas felicitaciones a unos cuantos amigos a los que quiero mucho y que van a ser papás o se han re-casado: Carmen y Álvaro, Paula y Alberto, Gema y Manzano, Marivi y Flaky, Elena y Gonzalo y Mariló y Nacho. Tambien dar las gracias a Manolo, que me hizo el seguro de viaje que me acaba de salvar la vida y muy especialmente a mi renovada amiga Patricia, que me regaló un iPhone que me mantiene en contacto con el más allá, con los amigos y me permite leer el periódico offline. Hay cosas que no cambian. Patricia, mil gracias, no sabes lo mucho que esto me ha ayudado.


Los laosianos practican un budismo algo particular y conciben la vida como disfrute. Trabajar es estresante y no favorece al espíritu. Hay que disfrutar de cada cosa que se hace y, si estas disfrutando, que mas da que dure una hora o tres! María Fdez. Sabau
Una isla, camino de Flores. Indonesia






domingo, 14 de agosto de 2011

Facebook y las religiones

A menudo escucho los comentarios de gente que se queja de algunos amigos que tienen la costumbre de informar al mundo, a través de Facebook, cada vez que inician una actividad, sin importarles si hay alguien mínimamente interesado en saber, con tan minucioso detalle, a qué dedican su tiempo.

Me refiero a actualizaciones del tipo "desayunando special K", "me voy a duchar", "camino a la oficina", "hoy viene mi suegra a cenar" o "hoy he tenido un cólico y ...". No he querido mencionar algunos ejemplos más íntimos o escatológicos, que los hay, por si hay niños leyendo pero, en resumen, NO es necesario, no necesitamos tanta información.

Por otro lado, es un hecho que todas las religiones del planeta en el que ahora habitamos, en su búsqueda por acaparar poder y ganar adeptos, se inmiscuyen en múltiples ámbitos de la vida privada de las personas y parece que tienen que hacerse escuchar provocando el mayor ruido posible.

Lo de que los cristianos se dediquen a tocar las campanas de las iglesias me parece una contaminación acústica totalmente innecesaria. El que quiera ir a misa, que se acuerde, que siempre es a la misma hora. Sin embargo, lo que a mi me tiene indignado es que un tipo armado con un altavoz con una potencia que su llamada podría escucharse en La Meca, se ponga a berrear a las 4 de la mañana para recordarle al personal que se levanten a desayunar. Que respeten el ayuno es su problema, que se levanten a desayunar a las 4 de la mañana también pero, como si de una actualización de Facebook se tratara, ¿es necesario que compartan la información y se entere toda la ciudad?. ¿Os imagináis al muecín de cada mezquita anunciando por el altavoz cada cambio de actividad del imam? Si esta noche he saltado de la cama pensando que había un ataque nuclear, no quiero pensar la mala baba que tendría como tomen ejemplo de Facebook.
Ahí está el detalle, señor juez, no es lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario. Cantinflas

domingo, 7 de agosto de 2011

Turbulencias y omelette. -Los brasileños de color quieren que se les llame "morenos"-


-Me pregunto qué día creó Dios a la gallina
-¿Cómo vamos a saberlo? Ni siquiera debemos preguntarlo. Nuestra permanencia en la Tierra es breve. Creamos y demos gracias. Bill en Fiesta, de Ernest Hemingway
Cuando me preguntan mi opinión sobre los países asiáticos siempre destaco que la experiencia de visitarlos se me queda a medias, me pierdo la mitad del país por la imposibilidad de comunicarme con ellos y porque, culturalmente, están a años luz de la alegría y el desparpajo africanos y no son precisamente los más comunicativos del planeta, así que las posibilidades de conocerles mejor son muy limitadas.

Evidentemente esto es una generalización y hay gente que habla inglés y alcanza a tener una conversación de más de tres comentarios sin mencionar un equipo o un jugador de fútbol, como hay gente con ganas de conocer, de hablar y gente que sonríe y no tienen esa cara de tristes que muchos llevan puesta. De hecho, estoy comprobando que esa barrera inicial que parecen mostrar, se viene abajo si pueden hablar un poco de inglés. En caso contrario, su manera de decir las cosas me parece un poco violenta. También he aprendido que son extremadamente duros a la hora de negociar, de regatear, sus caras serias y sus palabras graves impresionan, su inamovilidad desespera porque son capaces de perder un negocio por no aceptar una rebaja mínima. Sin embargo, hay un detalle que me está haciendo cambiar mi opinión sobre ellos y es la gran facilidad que tienen de pasar de la rudeza de una negociación a la simpatía que muestran cuando ya no hay que hablar de dinero. De repente y con una naturalidad que me sorprende gratamente, se ponen a preguntarte sobre tu origen, tu equipo preferido o lo que les interese.
Es cierto que siempre me han parecido un poco mal educados, guarretes y no muy simpáticos cuando requieres su ayuda, pero he de reconocer que estoy descubriendo lo mucho que cambian cuando son capaces de comunicarse, aunque mínimamente, en inglés. Ese rechazo que parece que tiene la gente a hablarte, cambia radicalmente cuando son capaces de hablarte. Especialmente en Malasia, donde bastante gente es capaz de hablarlo, he charlado con mucha gente que tiene tremendo interés por saber de ti y se acercan a preguntarte, a ofrecerte ayuda o a explicarte cosas sin esperar nada a cambio. Es cierto que algunos no van más allá de Messi o Ronaldo, pero de alguna manera hay que romper el hielo.
Recuerdo que un día, estando con mi hermana en NY, un amigo suyo, que nos escuchaba alternar conversaciones en castellano e inglés nos miró y nos dijo que nos envidiaba por tener esa capacidad. Yo, que sólo hablo inglés, siento que me estoy perdiendo la mitad de la ciudad. Siempre he tenido muy presente esta afirmación
El domingo tuve uno de esos días que recordaré en mucho tiempo. Estaba en Tuk Tuk, un pueblo situado en la isla del lago Toba y alquilé una moto para conocerla. Al pasar delante de una casa en cuya entrada había mucha gente y un cartel cuyas letras estaban hechas con flores, me paré y pregunté qué pasaba pero no he encontré a nadie que me entendiera hasta que apareció una mujer que hablaba un correcto inglés: es un funeral, mi padre murió ayer y la gente del pueblo está preparando la ceremonia, que se celebrará mañana.
Se me cayó el alma al suelo, pero mi cara cambió cuando la mujer me empezó a explicar que la celebración sería festiva, su padre era muy mayor y ya había vivido suficiente. Me pareció una excelente postura.


De repente, me vi rodeado de un montón de gente del pueblo que me hablaba y me preguntaba cosas que mi limitado conocimiento del indonesio no permitía responder. Sin embargo, la hija del difunto fue tremendamente agradable e instructiva, explicándome todo lo que estaba pasando alrededor, qué preparaba la gente que había reunida al otro lado de la carretera, cómo lo celebrarían, etc. Me invitaron a comer un plato de arroz con cerdo (sí, en esta isla son católicos) sin cubiertos que estaba de muerte, nunca mejor dicho. Después me pasé unas horas escuchando, respondiendo y preguntando sobre sus costumbres. Ha sido uno de esos grandes momentos que hacen que este viaje valga tanto la pena.
Leer la noticia sobre los brasileños de color quieren que se les llame "morenos" me ha recordado que hace muchos años en Camerún viví una experiencia parecida. Viajaba con mi querido y gran amigo Fernando y en un pueblo nos invitaron a una boda. Después de asistir a la entrega de la novia al novio y de ser narcotizados con semillas de cola, nos sentaron para comer pero, oh!!!, no había cubiertos y encontrarlos fue, seguramente más complicado que organizar el resto de la boda. En realidad esa situación no fue tan complicada si la comparamos con los dibujos que Fernando tenía que hacer para explicarles cómo se produce la transformación desde la gallina hasta que un huevo se convierte en tortilla. Eso sí que era una prueba difícil.
Ah, decía lo de la noticia porque cuando yo jugaba al baloncesto, en mi equipo, como pasaba antes, teníamos dos "americanos", aunque eran de Moratalaz. Los nuestros eran Fernando y Mica, a los que todo el mundo llamaba negratas, incluso entre ellos, pero cuando hablaban del otro en tercera persona se referían al otro como "moreno". Parece que su ejemplo se extiende al otro lado del Atlántico. A mis queridos negratas se lo dedico. Un beso.

PD: Todos los comentarios son bienvenidos y respeto que cualquiera que escriba lo haga de modo anónimo, pero me gustaría poder responder o comentarlo sabiendo a quién me dirijo, así que agradecería que, en público o en privado, os identifiquéis. Gracias