domingo, 5 de junio de 2011

Cómo arriesgar la vida a cambio de aparecer como una reseña en la prensa mundial

Mi estancia en Madang llega a su fin. Después de varios días, las misioneras de la Lutheran Guest House ya me tratan como a uno más y me da un poco de pena dejar la vida casi familiar de este lugar, pero me espera la última frontera, donde pasaré los últimos días de mi estancia en Papúa Nueva Guinea, el Sepik River, al que llegaré en barco, en vez de hacer un tortuoso camino en bus+bote+bus.
El barco que hace el trayecto Madang-Wewak es de esos que todos los años salen en el telediario porque se han hundido por sobrepeso.

La noticia no suele variar demasiado, "2000 personas mueren en PNG al hundirse un barco con capacidad para 200" y siempre es en un país asiático y en un lugar del que nadie ha oído hablar antes. En este caso, algún periódico se haría eco de la presencia de un blanquito, pero como no fui al consulado español a decir que me adentraba en territorio no recomendado por el ministerio, oficialmente no estoy aquí.

Pero bueno, no quiero parecer macabro, lo siento, pero al ver lo roñoso que estaba el barco, se me vino a la mente esa noticia que, invariablemente se produce todos los veranos.


Como se puede apreciar en las fotos, no era el Queen Elizabeth o uno de esos cruceros de lujo, pero la compañía era mucho más interesante y, además, me dio tiempo a hacer varios amigos, como el chaval de la foto, Michael, que sólo que hablaba en Pidgin y Christina, una misionera de Hong Kong que me fue de gran ayuda y a la que volví a ver una semana más tarde.


El viaje transcurrió sin novedades destacables. Mi pidgin iba mejorando gracias a mi nuevo amigo, aunque mi cara de cansado deja claro que dormir, no dormí demasiado.

Nuestra conversación no era demasiado profunda, no nos entendíamos, pero él parecía encantado por estar conmigo y explicarme cosas que hacían reír a los que teníamos alrededor y yo, aunque tenía ganas de leer o de dormir, decidí que ser partícipe de la sonrisa de un buen grupo de gente era lo mejor que podía hacer, ¿o no queda claro en la foto? Al llegar a Wewak tomé un camión y, 6 horas después, llegué a Pagwi, el punto más al norte del río Sepik al que se puede llegar por carretera y desde donde iba a planificar varias excursiones para visitar aldeas y conocer los Haus Tambarans, construcciones donde los artistas locales, los más reputados talladores en madera del Pacífico, reflejan su trabajo.

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